Fernando Varela en Montevideo

2006, LA RED 21

 

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La tercera novedad del día se instalará en el Museo Nacional de Artes Visuales, hoy por hoy, la pinacoteca más atractiva por su plural dinamismo, visitado por una concurrencia extraordinaria en las sesiones de videos, cursos y la cafetería, la más hermosa y elegante de la ciudad.

 

Se trata de Varela: la palabra callada, una exposición de Fernando Varela (Montevideo, 1951), un uruguayo desconocido que emigró a Santo Domingo, República Dominicana, en 1975. Desde allí difundió su nombre en trabajos pictóricos y de escultura en las bienales de La Habana, Cuenca, México, Valparaíso, Puerto Rico, Ljubljana, Cagnes-sur-mer y Caribe Insular, excelentemente instrumentada por María Luïsa Borràs en Badajoz, España.

 

No obstante esos antecedentes, la mirada de los críticos y artistas uruguayos permaneció ajena al registro del nombre de Fernando Varela. Que ahora, vuelve, 40 años más tarde, con una muestra individual integrada por dibujos, pinturas y esculturas con soportes tradicionales (lienzo, papel, madera, resina) que dejan en evidencia la economía de formas y simplicidad que caracteriza sus trabajos.

 

En el sobrio y elegante catálogo, Angel Kalenberg escribe, entre otras extensas consideraciones: "A diferencia de lo que le ofreció Uruguay, Varela encontró en Dominicana un vital reservorio de imágenes precolombinas y coloniales (producto estas últimas del sincretismo entre el imaginario hispánico y el prehispánico). Sin embargo, la obra de Fernando Varela, dada su circunstancia transcultural, prolonga la tensión que Torres García ejemplificara con el mapa al revés entre el hemisferio Norte y el hemisferio Sur. Más aún, en estos treinta años pueden advertirse en su obra elementos formales que lo conectan subliminalmente con la tradición de la pintura del Río de la Plata, en particular, otra vez con Torres García y, en especial, con la conciliación entre lo universal y lo latinoamericano".